Historia y evolución de MNX Online

De un generador de gasoil al Parque Tecnológico de Fuerteventura

La historia de una idea que comenzó hace más de quince años y que sigue creciendo desde Canarias hacia Europa.

Hay historias empresariales que empiezan con una ronda de financiación. Otras, con un gran cliente. La nuestra empezó mucho antes de que existiera MNX Online.

Empezó alrededor de 2010, en Fuerteventura, cuando desarrollar tecnología desde una isla no capitalina parecía, para muchos, una idea demasiado ambiciosa.

No había oficinas modernas, un equipo consolidado, financiación ni una hoja de ruta perfectamente definida.

Solo había una convicción difícil de explicar, pero muy sencilla de entender: desde Canarias también era posible crear tecnología capaz de competir, colaborar y generar impacto más allá de nuestras fronteras.

Aquella idea fue creciendo poco a poco, a través de proyectos pequeños, muchas horas de aprendizaje, errores, aciertos y decisiones que, vistas con perspectiva, fueron marcando un camino mucho más largo de lo que entonces podíamos imaginar.

Lo que comenzó como una inquietud personal terminó convirtiéndose en una empresa, en un equipo y, con el paso de los años, en iniciativas como TOURiLab y TOURiLab Data Space.

Pero nada de eso ocurrió de un día para otro, porque esta historia no trata únicamente de tecnología. Trata de una forma de entender la innovación que sigue siendo la misma desde el primer día.

«La sociedad nació en 2021. La historia comenzó mucho antes.»

Todo empezó con una pregunta

Muchas empresas nacen alrededor de una oportunidad de negocio. La nuestra nació alrededor de una pregunta:

¿Era posible desarrollar tecnología desde Fuerteventura sin tener que renunciar a competir con empresas de cualquier otro lugar?

A principios de la década de 2010, hablar de ciudades inteligentes, interoperabilidad, espacios de datos o inteligencia artificial aplicada al territorio todavía era poco habitual. La transformación digital apenas comenzaba a ganar protagonismo y conceptos que hoy forman parte del día a día de muchas organizaciones eran todavía desconocidos para la mayoría.

En ese contexto comenzaron los primeros pasos del proyecto. Primero desde la Unidad de Promoción de Empresas (UPE) del Cabildo de Fuerteventura y, posteriormente, desde el Vivero de Empresas de la Cámara de Comercio, espacios que ofrecieron algo mucho más valioso que un lugar donde trabajar: la posibilidad de aprender, experimentar y empezar a convertir una idea en una realidad.

Nuestra primera oficina en la Unidad de Promoción de Empresas de Fuerteventura (UPE), ubicada en el edificio colindante a lo que es hoy en día el Parque Tecnológico.
Antiguo edificio del Vivero de Empresas de la UPE de Fuerteventura donde teníamos nuestra oficina, años 2011/2012.
Etapa en el vivero de Empresas de la Cámara de Comercio, en Puerto del Rosario. Aquí tuvimos nuestra oficina entre 2012 y 2013.

Aquellos años estuvieron marcados por el desarrollo de páginas web, aplicaciones y soluciones a medida para empresas y administraciones. Cada proyecto suponía un nuevo aprendizaje, cada cliente obligaba a comprender problemas diferentes y cada reto permitía adquirir conocimientos que más adelante resultarían decisivos.

Fue también durante esa etapa cuando Jessica Gil se incorporó al proyecto. Lo hizo en un momento en el que todo estaba todavía por construir, compartiendo desde entonces una misma manera de entender el trabajo, la tecnología y el compromiso con el territorio.

No existía un gran plan estratégico ni una hoja de ruta capaz de anticipar todo lo que vendría después. Existía, sobre todo, una manera de hacer las cosas: escuchar, aprender, mejorar y volver a empezar. Con el tiempo, esa manera de afrontar cada proyecto y de construir la empresa acabaría convirtiéndose en una de las principales señas de identidad de MNX Online.

Las grandes historias rara vez empiezan siendo grandes. Empiezan dando el primer paso.

Lo que entonces parecía el final de una etapa, en realidad solo era el comienzo del camino.

Los años en la UPE y en el Vivero de Empresas habían servido para aprender, experimentar y dar forma a una manera de entender la tecnología. Sin embargo, como ocurre con muchos proyectos emprendedores, llegó el momento de abandonar ese entorno de incubación y continuar el camino por cuenta propia.

A primera vista podía parecer un paso atrás. En realidad, fue el inicio de la etapa que más marcaría nuestra identidad.

Crecer también fue resistir

No todas las empresas recuerdan con orgullo los años en los que trabajaban desde una habitación de casa. Nosotros sí, porque fue precisamente allí donde aprendimos algunas de las lecciones que todavía hoy siguen definiendo nuestra manera de trabajar.

Después de abandonar los espacios de la UPE y del Vivero de Empresas, la actividad continuó desde casa. No había grandes oficinas, departamentos ni un equipo numeroso.

El despacho cambiaba de sitio según las necesidades del día. Lo importante no era dónde trabajábamos, sino mantener viva la actividad y seguir avanzando encargo a encargo.

Cada nuevo trabajo suponía un reto distinto y cada cliente, una oportunidad para continuar aprendiendo. La realidad era mucho menos épica de lo que puede parecer vista con perspectiva: jornadas largas, recursos limitados y la necesidad de tomar decisiones constantemente para que el proyecto siguiera adelante. Pero había algo que nunca faltó: la voluntad de continuar construyendo, incluso cuando los avances no siempre resultaban visibles desde fuera.

Mientras muchas personas asociaban la innovación a las grandes ciudades o compañías, nosotros seguíamos convencidos de que desde Fuerteventura también era posible desarrollar tecnología de calidad. Esa convicción hizo que cada dificultad terminara convirtiéndose en una oportunidad para mejorar.

Fue durante aquellos años cuando empezamos a comprender que el verdadero valor de nuestro trabajo no estaba únicamente en desarrollar software. Estaba en entender los problemas de cada organización y construir soluciones que realmente les resultaran útiles.

Sin darnos cuenta, empezábamos a dejar de ser únicamente desarrolladores para convertirnos en socios tecnológicos de nuestros clientes.

Aprender antes de especializarse

En esa etapa llegaron proyectos de naturaleza muy distinta.

Desarrollamos páginas web, aplicaciones a medida, plataformas de gestión y soluciones adaptadas a necesidades muy diversas.

Cada nuevo trabajo ampliaba nuestra experiencia y nos obligaba a salir de la zona de confort.

Mirándolo con perspectiva, ninguno de aquellos proyectos fue especialmente importante por sí mismo. Lo verdaderamente importante fue todo lo que aprendimos gracias a ellos, porque cada reto resolvía una necesidad concreta, pero también nos preparaba para afrontar la siguiente con más experiencia.

Sin saberlo, estábamos construyendo los cimientos técnicos que años después nos permitirían trabajar con tecnologías abiertas, interoperabilidad, ciudades inteligentes o espacios de datos.

Con el tiempo empezamos a detectar un patrón que se repetía una y otra vez. Los problemas rara vez estaban en las aplicaciones. Estaban en la dificultad para que distintos sistemas compartieran información entre sí, reutilizaran los datos existentes y evolucionaran sin depender de soluciones cerradas.

Cada vez era más evidente que el siguiente paso no consistía en desarrollar más aplicaciones, sino en conseguir que todas pudieran entenderse entre sí. Aquella reflexión nos llevó a buscar nuevas formas de construir tecnología y, casi sin saberlo, empezó a marcar el rumbo que seguiríamos durante los años siguientes.

Una forma de trabajar que sigue siendo la misma

Aunque la empresa ha evolucionado enormemente desde entonces, hay cosas que apenas han cambiado.

Seguimos creyendo que escuchar es más importante que vender, que entender el problema siempre debe ir antes que proponer una solución, y que la tecnología solo tiene sentido cuando ayuda a mejorar la vida de las personas o el funcionamiento de las organizaciones.

Aquellos años también consolidaron una forma de trabajar basada en la cercanía, la honestidad y la mejora continua.

Valores que siguen presentes hoy en cada proyecto que desarrollamos, porque la infraestructura ha cambiado, el equipo ha crecido, la experiencia se ha multiplicado, pero la manera de entender nuestro trabajo sigue siendo, esencialmente, la misma.

Crecer no siempre consiste en hacerse más grande. A veces consiste, simplemente, en no dejar de avanzar.

Nuestro despacho en casa.
A pesar de las limitaciones, seguíamos tratando de marcar la diferencia.

De desarrollar aplicaciones a conectar ecosistemas

Hay momentos en los que una empresa no cambia de dirección. Simplemente comprende mejor hacia dónde llevaba caminando desde el principio. Eso fue exactamente lo que nos ocurrió.

Durante años habíamos desarrollado aplicaciones, plataformas y soluciones a medida para empresas y administraciones. Cada proyecto resolvía una necesidad concreta, pero todos compartían un mismo problema: la información seguía estando aislada, los sistemas no hablaban entre sí, los datos permanecían encerrados en aplicaciones independientes y cada nueva integración suponía empezar prácticamente desde cero.

Mientras el mundo avanzaba hacia una economía cada vez más conectada, nosotros veíamos cómo muchas organizaciones seguían enfrentándose al mismo obstáculo: disponer de datos, pero no poder aprovechar todo su potencial.

Fue entonces cuando comprendimos que el verdadero reto ya no consistía únicamente en desarrollar software. Consistía en conseguir que ese software pudiera entenderse con otros sistemas, compartir información de forma segura y evolucionar sin depender de tecnologías cerradas.

Aquella búsqueda nos llevó hasta FIWARE, un ecosistema tecnológico que marcaría profundamente nuestra evolución.

Encontrar una tecnología… y una filosofía

Lo que encontramos en FIWARE fue mucho más que un conjunto de componentes tecnológicos. Encontramos una forma distinta de construir soluciones: una apuesta por los estándares abiertos, la interoperabilidad, la reducción de dependencias innecesarias y la posibilidad de que distintas organizaciones colaboraran sin perder el control sobre sus propios datos.

Era exactamente la dirección hacia la que ya nos dirigíamos. La diferencia era que ahora existía una comunidad internacional que compartía esa misma visión.

En 2020, Mannix obtuvo la certificación oficial como FIWARE Expert, convirtiéndose en uno de los pocos profesionales acreditados en España en aquel momento.

Más allá del reconocimiento personal, aquello representó algo mucho más importante para la empresa: confirmaba que la especialización tecnológica que habíamos ido construyendo durante años estaba alineada con una de las iniciativas abiertas más relevantes de Europa.

No era un punto de llegada. Era el comienzo de una nueva etapa.

Cuando la innovación deja de ser local

A partir de ese momento empezamos a participar de forma mucho más activa en proyectos nacionales e internacionales relacionados con la economía del dato, la interoperabilidad y los territorios inteligentes.

No solo trabajábamos con tecnologías abiertas; también contribuíamos a su evolución.

Participamos en proyectos europeos como i4Trust, colaboramos en la definición y validación de Smart Data Models, comenzamos a trabajar junto a organizaciones de distintos países y pasamos a formar parte de comunidades donde se debatían algunos de los retos tecnológicos que hoy ocupan un lugar central en Europa.

Cada proyecto aportaba nuevos conocimientos, cada colaboración abría nuevas oportunidades y cada experiencia reforzaba una idea que ya habíamos descubierto años atrás: la innovación no entiende de fronteras cuando existe una comunidad dispuesta a compartir conocimiento.

La tecnología más valiosa no es la que encierra la información. Es la que permite que diferentes organizaciones puedan crear valor juntas.

Aprender fuera para transformar aquí

A medida que aumentaba nuestra participación en iniciativas europeas, también comenzaron a multiplicarse los encuentros, congresos y foros internacionales en los que compartíamos experiencias y aprendíamos de otros territorios.

Viajar nunca fue el objetivo. Cada desplazamiento era una oportunidad para escuchar, aprender y regresar con nuevas ideas que pudieran aplicarse en Canarias.

Cada viaje reforzaba una misma convicción: las mejores soluciones rara vez nacen del trabajo aislado. Surgen cuando diferentes personas, organizaciones y territorios comparten experiencias, contrastan enfoques y aprenden unos de otros.

Al principio acudíamos a estos encuentros, sobre todo, para escuchar y ampliar nuestra perspectiva. Queríamos conocer cómo otros territorios estaban afrontando retos similares, qué tecnologías estaban utilizando y qué modelos de colaboración comenzaban a consolidarse dentro y fuera de Europa.

Con el tiempo dejamos de acudir únicamente para aprender. También empezamos a compartir nuestra propia experiencia, impartiendo ponencias, colaborando como expertos y participando activamente en comunidades donde hoy seguimos aportando conocimiento.

Ese cambio reflejaba una evolución importante. Ya no éramos únicamente una empresa canaria que buscaba referencias fuera, sino una organización capaz de contribuir con una experiencia propia, construida desde Fuerteventura y contrastada en proyectos reales.

Cada intervención, cada colaboración y cada conversación internacional nos ayudó a ampliar nuestra red, pero también a confirmar algo esencial: el conocimiento adquirido fuera solo cobraba pleno sentido cuando podía regresar al territorio y convertirse en nuevas capacidades, proyectos y oportunidades.

Cada encuentro, cada congreso y cada conversación han sido una oportunidad para aprender de otros territorios, compartir nuestra experiencia y regresar a Canarias con nuevas ideas, alianzas y proyectos. Porque innovar también consiste en escuchar, colaborar y construir juntos.

Construir desde Canarias para Europa

Participar en estos espacios nunca significó alejarse del territorio. Al contrario. Cuanto más conocíamos otras iniciativas internacionales, más claro teníamos el enorme potencial que existía en Canarias.

Entendimos que nuestro papel no consistía únicamente en desarrollar proyectos tecnológicos. También podíamos actuar como puente entre el conocimiento que se generaba en Europa y las necesidades reales de nuestras administraciones, empresas y organizaciones.

En otras palabras: aprendíamos fuera para construir mejor aquí, y esa manera de entender la innovación acabaría dando lugar a uno de los proyectos más importantes de nuestra trayectoria: TOURiLab.

Toda esa experiencia acumulada durante años —los proyectos, las colaboraciones internacionales, la participación en comunidades tecnológicas y la especialización en interoperabilidad— terminó convergiendo en una misma idea.

Si queríamos acelerar la innovación en Canarias, no bastaba con desarrollar soluciones para cada organización por separado. Era necesario crear un lugar donde todas ellas pudieran colaborar. Ese lugar acabaría llamándose TOURiLab.

Volver donde todo empezó

Hay lugares que tienen un significado especial. No por el edificio, ni por sus instalaciones, sino por todo lo que representan.

En nuestro caso, uno de esos lugares siempre será el Parque Tecnológico de Fuerteventura.

Allí comenzaron algunos de nuestros primeros pasos, allí aprendimos, allí conocimos a muchas de las personas que marcarían nuestro camino. Y, años después, decidimos volver… pero esta vez lo hicimos de una forma muy distinta. Ya no éramos una pequeña iniciativa que intentaba abrirse camino. Regresábamos siendo una empresa muy distinta a la que había salido años atrás: con una trayectoria consolidada, un equipo multidisciplinar, clientes públicos y privados, experiencia internacional, proyectos europeos, una red de colaboradores repartida por distintos países y, sobre todo, una visión mucho más clara sobre la contribución que queríamos realizar.

Volver al Parque Tecnológico no fue simplemente cambiar de oficina. Fue cerrar un círculo.

El mismo lugar que años atrás nos había ayudado a empezar se convertía ahora en el espacio desde el que impulsar una nueva etapa. Una etapa en la que ya no solo queríamos desarrollar tecnología. Queríamos ayudar a construir el ecosistema tecnológico que nos hubiera gustado encontrar cuando empezamos.

Hay lugares a los que uno vuelve porque fueron importantes. Y otros porque todavía tienen mucho futuro por delante.

Un nuevo papel dentro del ecosistema

Con el paso de los años también cambió nuestra forma de entender cuál debía ser nuestro papel.

Seguíamos desarrollando soluciones tecnológicas, seguíamos trabajando con empresas y administraciones, pero cada vez resultaba más evidente que muchas organizaciones compartían los mismos retos.

Necesitaban digitalizar procesos, intercambiar información, extraer más valor de sus datos, colaborar entre sí, y hacerlo sin perder autonomía.

Empezamos a comprender que, además de construir tecnología, también podíamos ayudar a conectar organizaciones, a facilitar colaboraciones, a compartir conocimiento, a crear comunidad.

En otras palabras, pasábamos de desarrollar proyectos individuales a impulsar iniciativas capaces de generar impacto colectivo, y esa diferencia cambiaría por completo nuestra forma de trabajar.

Innovar ya no era suficiente

Hasta ese momento, nuestro trabajo consistía principalmente en resolver problemas tecnológicos, pero empezamos a hacernos una nueva pregunta.

¿Qué ocurriría si, además de resolver los problemas de una organización, consiguiéramos que varias organizaciones colaboraran para resolver problemas comunes?

La respuesta nos llevó a pensar en algo mucho más grande que un proyecto concreto. Nos llevó a imaginar un espacio donde empresas, administraciones, universidades, startups y centros de investigación pudieran innovar juntos. No alrededor de una tecnología, sino alrededor de un propósito compartido.

Aquella idea terminaría convirtiéndose en uno de los proyectos más ambiciosos de nuestra historia.

Después de más de una década desarrollando tecnología, queríamos crear un lugar donde otros también pudieran innovar.

Nace TOURiLab

Aquel recorrido nos había permitido comprender que el siguiente paso ya no consistía únicamente en crear mejores soluciones, sino en generar las condiciones necesarias para que más organizaciones pudieran innovar juntas, porque la innovación avanza mucho más deprisa cuando se construye de forma colaborativa.

Con esa idea nació TOURiLab.

No como un laboratorio, ni como un edificio, ni siquiera como un proyecto europeo, sino como un punto de encuentro entre empresas, administraciones públicas, universidades, centros tecnológicos, startups e investigadores que comparten un mismo objetivo: impulsar una forma diferente de innovar desde Canarias.

Queríamos crear un espacio donde compartir conocimiento fuera tan importante como desarrollar tecnología, donde las ideas circularan con la misma facilidad que los datos, y donde la colaboración dejara de ser una excepción para convertirse en la forma habitual de trabajar.

Quizá esa sea una de las cosas que más nos enorgullecen de esta etapa: comprobar que alrededor de TOURiLab han empezado a encontrarse personas y organizaciones que probablemente nunca se habrían conocido de otra manera.

Mucho más que un FIWARE iHub

Con el tiempo, TOURiLab fue creciendo hasta convertirse en el primer FIWARE iHub de la provincia de Las Palmas.

Ese reconocimiento suponía mucho más que una acreditación internacional. Confirmaba que Canarias podía convertirse también en un territorio capaz de impulsar innovación abierta utilizando estándares europeos.

Pero tampoco nos detuvimos ahí. La evolución natural de todo aquel recorrido desembocó en un nuevo concepto que comenzaba a ganar protagonismo en Europa: los espacios de datos.

Habíamos pasado años hablando de interoperabilidad. Ahora el siguiente paso consistía en conseguir que diferentes organizaciones pudieran compartir información de forma segura, gobernada y generando valor para todas las partes. Así nació TOURiLab Data Space. No como un proyecto aislado, sino como la evolución lógica de todo el conocimiento acumulado durante más de quince años.

Un espacio construido desde Canarias

Aunque TOURiLab mantiene una clara vocación internacional, siempre hemos tenido muy presente cuál debía ser su punto de partida: Canarias.

Creemos que la innovación tiene mucho más impacto cuando responde a necesidades reales del territorio. Por eso, muchas de las primeras iniciativas desarrolladas desde TOURiLab se han centrado en sectores estratégicos para nuestras islas: turismo, economía azul, sostenibilidad, territorios inteligentes, movilidad, sector primario, administraciones públicas.

No porque sean los únicos ámbitos posibles, sino porque son aquellos donde creemos que la tecnología puede generar un mayor impacto para las personas que viven aquí.

No queríamos crear otro proyecto tecnológico. Queríamos crear un lugar donde la innovación pudiera seguir ocurriendo incluso cuando nosotros no estuviéramos delante.

Cada fotografía representa un momento distinto, pero todas cuentan una misma historia: la de un equipo que ha aprendido compartiendo conocimiento, construyendo alianzas y colaborando con personas que creen que la innovación avanza más deprisa cuando se construye entre todos.

Un cambio de escala

Si los primeros años estuvieron dedicados a aprender y los siguientes a especializarnos, esta nueva etapa supuso un cambio de escala.

De desarrollar proyectos… pasamos a impulsar ecosistemas.

De trabajar con organizaciones individuales… pasamos a conectarlas entre sí.

De crear soluciones… pasamos a facilitar que otros también pudieran innovar.

Y probablemente esa sea la mejor forma de resumir todo este recorrido, porque, visto con perspectiva, nuestra historia nunca ha consistido únicamente en desarrollar tecnología. Ha consistido en crear las condiciones necesarias para que otros también puedan hacerlo.

El éxito de una empresa tecnológica no se mide solo por lo que desarrolla. También por todo lo que consigue que ocurra a su alrededor.

Hitos que han marcado nuestra evolución

A lo largo de este camino hemos vivido hitos de naturaleza muy distinta. Algunos marcaron el crecimiento de la iniciativa; otros reconocieron nuestra especialización tecnológica, ampliaron nuestra conexión con ecosistemas internacionales o nos llevaron a asumir nuevas responsabilidades dentro del sector.

Más que una colección de reconocimientos, representan las distintas etapas de una evolución construida durante años a través de proyectos, aprendizaje y colaboración.

Los primeros pasos

🚀 2010–2011 · Comienza la actividad tecnológica. Los primeros proyectos sientan las bases de la iniciativa que, más de una década después, se formalizaría jurídicamente como MNX Online, S.L.

🏢 2011 · Unidad de Promoción de Empresas del Cabildo de Fuerteventura. La UPE nos ofrece el primer entorno desde el que aprender, experimentar y comenzar a desarrollar nuestra actividad.

💡 2012 · Vivero de Empresas de la Cámara de Comercio de Fuerteventura y Startup Weekend Gran Canaria. El traslado al vivero supone un nuevo paso en la consolidación del proyecto y en su relación con el tejido empresarial de la isla. Ese mismo año participamos en el Startup Weekend Gran Canaria, una experiencia de 54 horas de trabajo intensivo junto a emprendedores, diseñadores y desarrolladores para seguir impulsando LocalConnection, uno de nuestros primeros proyectos.

Especialización y apertura internacional

🌍 2019 · Finalistas del Digital Innovation Challenge de FIMAC. MNX Online es seleccionada entre los siete proyectos finalistas del Digital Innovation Challenge de FIMAC, una iniciativa orientada a impulsar la internacionalización de empresas innovadoras de la Macaronesia.

🎓 2020 · Selección internacional y certificación FIWARE Expert. Mannix Manglani es seleccionado entre 20 profesionales de 10 países para acceder al programa internacional FIWARE Expert y obtiene posteriormente la certificación oficial. Este reconocimiento marca el inicio de una etapa de especialización en tecnologías abiertas e interoperabilidad.

🇪🇺 2021 · Constitución de MNX Online, S.L. e incorporación a i4Trust. Tras más de una década de actividad tecnológica, en diciembre constituimos oficialmente MNX Online, S.L. Esta etapa marca también el comienzo de nuestra participación en iniciativas europeas como i4Trust, centradas en el intercambio seguro y soberano de datos.

🧩 2023 · Primer FIWARE iHub de la provincia de Las Palmas y primer APTE Top 100. TOURiLab obtiene la acreditación como primer FIWARE iHub de la provincia de Las Palmas. MNX Online pasa a formar parte de la comunidad FIWARE como Gold Member, participa activamente en Smart Data Models y es reconocida por primera vez como una de las 100 startups más innovadoras de España por APTE.

Consolidación y compromiso con el ecosistema

🏆 2024 · Lanzamiento oficial de TOURiLab y nuevos reconocimientos. Presentamos oficialmente TOURiLab como espacio para impulsar la innovación abierta y la economía del dato desde Canarias. Ese mismo año recibimos, por segundo año consecutivo, el reconocimiento APTE Top 100, obtenemos el Accésit de Innovación y Digitalización en los Premios Pyme del Año de Las Palmas y reforzamos nuestra participación en iniciativas como Gaia-X y en otros ecosistemas vinculados a la economía del dato.

📜 2025 · Estándares, inteligencia turística y tercer APTE Top 100 consecutivo. MNX Online se incorpora como vocal del CTN-UNE 71/SC 43, participa en la Plataforma de Inteligencia Artificial (PIA) de la Plataforma Inteligente de Destinos (PID) y recibe, por tercer año consecutivo, el reconocimiento APTE Top 100, consolidando una trayectoria continuada dentro del ecosistema innovador español.

🤝 2026 · Nuevas responsabilidades dentro del ecosistema tecnológico. MNX Online pasa a formar parte de la Junta Directiva del Clúster Canarias Excelencia Tecnológica (CET) y TOURiLab Data Space es reconocido como espacio de datos elegible dentro del programa Kit Espacios de Datos del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, reforzando su papel como infraestructura para impulsar la economía del dato en Canarias.

En conjunto, estos hitos reflejan la evolución de una iniciativa que comenzó en Fuerteventura con recursos limitados y que, paso a paso, ha ido ampliando sus capacidades, su red de colaboración y su compromiso con el desarrollo tecnológico del territorio.

Lo mejor está por construir

Hace más de quince años empezamos intentando demostrar que desde Fuerteventura también era posible crear tecnología. Hoy seguimos persiguiendo exactamente el mismo objetivo. La diferencia es que ahora ya no caminamos solos.

Lo hacemos junto a un equipo, una comunidad y cientos de personas y organizaciones que creen que la innovación no depende del lugar desde el que trabajas, sino de la capacidad de imaginar lo que todavía no existe.

Y lo mejor de nuestra historia… sigue estando por escribir.